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Viernes, 22 de Agosto

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Informe Rojo

El Cisne Silva: cómo encarceló al periodista Manrique

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SILVA Y DUARTE

 

* Un montaje, la extorsión y un juicio inducido  * Exhibió a su hijo en las redes sociales y luego reclamaba privacidad  * El vocero del gober, enemigo de la prensa crítica  * ¿Son los asesinos de Goyo Jiménez o quién encubre al crimen organizado?  * Víctor Rodríguez sólo tendría un voto, el de su hermano Felipe

 

MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

Puede ser frívolo, exhibicionista, malandro y abusivo, y hasta estar en la mira del crimen organizado, pero el peor y mayor defecto del nuevo vocero del gobernador Javier Duarte, Alberto Silva Ramos, es esa obsesión enfermiza por encarcelar rivales y si son periodistas, mejor.

Caso Goyo Jiménez: el diputado y socios, bajo sospecha

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RENATO TRONCO

 

* Las redadas en Las Choapas  * El feudo de Renato Tronco, en la mira  * Tráfico de migrantes y de drogas, abigeato, extorsión sindical, ejecutados y mutilados  * El crimen organizado, la impunidad y la protección oficial  * Goyo Jiménez, asesinado en uno de los enclaves tronquistas  * Federico Lagunes y el robo del área verde

 

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

Sabiendo cómo es, sabiéndole la esencia delictiva al diputado Renato Tronco Gómez, y la de sus amigos y socios, la policía de Veracruz no buscó a Gregorio Jiménez de la Cruz en Las Choapas a partir de una corazonada. Lo hizo porque conoce quién, por qué y de a cuanto se protege ahí al crimen organizado.

Tierra de nadie, administrada por un cacique en ciernes, Las Choapas y sus alrededores es un escenario de violencia cotidiana, de levantones, de migrantes extorsionados o asesinados, corredor de droga, de robo de ganado, de agresiones policíacas al amparo de la impunidad, de ejecutados que aparecen a orillas de carretera, torturados y mutilados, de muertos desmembrados que yacen en fosas clandestinas.

Ese feudo, del río Tonalá al río Coatzacoalcos, el distrito electoral 30 de Veracruz, son los dominios, no políticos pero sí extralegales del diputado Renato Tronco, el administrador del bajo mundo con la venia del gobernador Javier Duarte de Ochoa y la bendición del ex gobernador Fidel Herrera Beltrán.

Ahí, en Las Choapas, del 7 de febrero a la fecha, se vive una cacería humana motivada por el “levantón”, dos días antes, del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz, cuyo cadáver apareció en una fosa clandestina, el martes 11, en la colonia J. Mario Rosado, en territorio tronquista.

Presionado por la prensa que exigía hallar con vida al reportero de Notisur, Liberal del Sur y La Red, que salía a las calles a protestar, que lo ridiculizaba públicamente —“si no pueden, renuncien”— y que le destazaron a sus enviados —Erick Lagos, el retorcido secretario de Gobierno; Felipe Amadeo Flores Espinoza, desprocurador, y María Georgina Domínguez Colío, la vocera inútil—, la noche del jueves 6 de febrero, el gobernador implementó acciones de fuerza que impactaron en el feudo tronquista.

Al día siguiente, el viernes 7, la policía de élite de Seguridad Pública arremetió contra socios de Renato, protegidos, empleados y también contra taxistas, usuarios, petroleros y ganaderos, en una oleada que incluyó hasta el desarme y detención del jefe de la policía municipal, Wilfrido López Vicente, esbirro número uno del ex alcalde Tronco Gómez.

Aquello fue un festín de agresiones. A unos les pegaron con razón y a otros sin razón. Allanaron domicilios, encañonaron a sus moradores, sembraron miedo. A Ismael Thomé Becerra, jubilado de Pemex, le robaron celulares, un Ipod, alhajas y dinero en efectivo. A su familia, nueve miembros, incluidos niños, los mantuvieron pecho a tierra, con las armas apuntándoles, aterrorizados.

No era casual la acción alevosa de la policía duartista. Thomé Becerra, “El Muñi Muñi”, vive en la colonia J. Mario Rosado, cerca de donde habrían de hallar el cuerpo del periodista Gregorio Jiménez. Pero él nada tuvo que ver.

Jornada de zozobra, ese viernes 7 en cuestión de minutos Las Choapas se llenó de retenes. Decenas de taxis eran revisados minuciosamente. Uno de ellos, el 125, aún más. La policía duartista halló en su interior un teléfono celular. Exigían saber de quién era. Nadie, ni el conductor ni los pasajeros se hacían responsables. Y que se cargan a todos con rumbo desconocido, presumiendo que algunos de ellos fueran “halcones”. Algunos de ellos regresarían a sus hogares intimidados, golpeados, amenazados. Y de ahí a denunciar al MP.

A eso de las 14:40 horas, López Vicente se percató de la presencia de unidades policíacas. Quiso acercarse. De inmediato lo rodearon. Fue desarmado. Le retiraron su pistola, una Pietro Beretta, calibre 9 milímetros; su radio y su credencial de director de Seguridad Pública Municipal. El esbirro mayor de Tronco, tratado como delincuente. Qué agravio para Renato.

Unas 25 patrullas de Seguridad Pública se adueñaron de Las Choapas. Doce se apostaron sobre el bulevar Antonio M. Quirasco. El resto se diseminó en las colonias Tiburoneros, Aviación, Campo Nuevo y J. Mario Rosado, ahí donde cuatro días después hallarían el cuerpo de Gregorio Jiménez, torturado, mutilado y enterrado en una fosa clandestina.

Avanzaban los efectivos de la SSP sobre la avenida 20 de Noviembre. Llegaron al desguasadero de Jesús Uribe Esquivel, uno de los prestanombres de Renato Tronco, sin un centavo en el pasado reciente, ahora millonario constructor y dueño del negocio Grúas Tou. (Uribe fue de los que suscribieron aquel desplegado en que lincharon públicamente al entonces regidor Alfredo Pérez Juárez, asesinado mes y medio después, siendo Renato Tronco alcalde de Las Choapas y, según la Procuraduría estatal, autor intelectual del crimen). Revisaron cada centímetro del lugar, pero no hallaron al periodista.

Una decena de choapenses fueron “levantados” por la policía de élite de Javier Duarte, embozados todos, sin dar la cara, oculta su identidad.

Al día siguiente, Renato Tronco se engalló. En carta enviada a diversos medios de comunicación, arremetía contra la policía “ramboide” del gobierno de Veracruz.

Disfrazado de hombre moral, el diputado por Las Choapas disertaba sobre la conducta honesta de los servidores públicos y el respeto a los derechos de la sociedad. Vaya con el tipo si cuando era alcalde apaleaba ciudadanos con su policía violenta, “ramboide”.

“Entendemos de la necesidad del actuar; pero que sea de manera eficiente, eficaz y respetuosa por parte de las corporaciones policíacas, no como desgraciadamente lo lleva a cabo nuestra policía estatal; quienes no buscan quién se la hizo sino quien la pague. Como lo ocurrido el 7 de los corrientes en Las Choapas con el ciudadano Ismael Thome Becerra.

“En actos por demás desesperados o total incompetencia que son de dominio público. Ahora me explico cuánta razón tienen los periodistas en su reclamo.

“El actuar irresponsable, ilegal y “ramboide” de los policías nos obliga a pensar que hasta podrían haber sido ellos quien levantaron al periodista o ser responsable de más actos que se le achacan a la delincuencia, es la única manera de explicarnos su actitud y prepotencia.

“Sr Secretario

“En realidad es muy lamentable que a la sociedad veracruzana se nos esté obligando a creer que es de la policía “acreditada” de quien deberíamos cuidarnos.

“Esto podría ser también motivo de creer que tienen razón los policías municipales despedidos de Coatzacoalcos, nos puede orillar a que tienen razón los de la sierra de Soteapan-Tatahuicapan y sus alrededores, como también da razón a la sociedad de Jalcomulco quienes enfrentan una problemática con la empresa Odebrecht ; en fin podría dar razón a tanto reclamo social.

“Ofrezco mi criterio, experiencia y análisis de lo antes expuesto, estoy abierto al diálogo, análisis o debate para que juntos busquemos Soluciones, no problemas”.

Evidente y abierta la amenaza, no es la defensa del pueblo choapense lo que mueve a Renato Tronco a enfrentar al gobierno estatal, a increpar de refilón al titular de Seguridad Pública, Arturo Bermúdez Zurita, autor del zafarrancho. Le llama “Sr Secretario” pero no se atreve a citarlo por su nombre.

Le duele al cacique en ciernes, aprendiz del poder a la brava, el allanamiento del negocio de Jesús Uribe, constructor beneficiado por su gobierno, en la mira del sistema por su súbito enriquecimiento. Le enchila la redada en la colonia J. Mario Rosado, su feudo, donde tiene una buena cuota de seguidores y esclavos electorales, ahí donde sería hallado el cuerpo de Gregorio Jiménez y la casa de seguridad donde lo tuvieron privado de su libertad, donde lo torturaron para que cantara antes de ultimarlo.

Muy gallo estaría Tronco, pero de nada le sirvió alzarle la voz al gobierno duartista, pues las redadas continúan, ahora con seis desaparecidos más, entre ellos una jovencita de 15 años, todos “levantados” por los de la camioneta blanca, en que se mueve la policía de élite de Seguridad Pública y los AVI’s de Enoc Maldonado Caraza, el fiscal de hierro de Duarte.

De sus casas, del parque Juárez de Las Choapas y hasta de un motel, fueron sacados los seis choapenses. Sus familiares los buscaron en las corporaciones policíacas de aquel municipio y de Coatzacoalcos. Nadie les da razón de ellos.

Intensa, la búsqueda de más implicados en el asesinato del periodista Gregorio Jiménez de la Cruz no es casual en Las Choapas. En el feudo de Renato Tronco el crimen organizado se mueve a sus anchas: paso de migrantes, muchos de ellos son extorsionados mientras otros mueren por no pagar a las bandas delincuenciales impunes; su territorio es una vía abierta al tráfico de drogas; siendo una zona ganadera de alto registro, el abigeato es cosa de todos los días; los asaltos carreteros, sobre todo en la Ocozocoautla-Raudales-Las Choapas, está considerado de los de mayor incidencia en el país; a diario hay ejecutados y mutilados.

Tronco es el rey en la tierra de nadie, en el territorio sin ley. Regentea el diputado a los sindicatos de obreros y es él, ningún otro, ni el gobernador Javier Duarte, quien decide que obras le son contratadas a las organizaciones gremiales, previo pago del diezmo.

Ese control sobre los sindicatos obreros que le trabajan a las empresas que perforan pozos para Pemex, ha provocado batallas entre los afiliados, agresiones, violencia sin fin, baleados a manos de los “coyotes” del legislador. Y cuando un dirigente se rebela, es “levantado” por la policía municipal, y por el mismo director de Seguridad Pública, el hoy vilipendiado Wilfrido López Vicente, y llevado a la presencia del aprendiz de cacique.

Es Las Choapas el refugio de las bandas del crimen organizado que operan en Villa Allende, Nanchital, Ixhuatlán del Sureste, Moloacán y Agua Dulce, todo el distrito 30, el Coatzacoalcos Rural, representado en el Congreso de Veracruz por Renato Tronco.

Sin protección política, sin encubrimiento oficial, sería imposible que pudieran actuar los sicarios que levantan ciudadanos inocentes en cada uno de esos lugares, que ejecutan, que mutilan, que arrojan a sus víctimas a orilla de la autopista Coatzacoalcos-Villahermosa, o que los sepultan en fosas clandestinas.

No es casual que la embestida de Seguridad Pública y la AVI se haya dado en Las Choapas. Es el feudo de Renato Tronco, su territorio, donde abundan las casas de seguridad y es refugio de matones. No fue corazonada que ahí hubieran hallado el cuerpo de Goyo Jiménez.

Por eso, Renato Tronco y sus socios están bajo sospecha.

 

Archivo muerto

 

Rufián de marras, Federico Lagunes decía defender las áreas verdes, regresar a Coatzacoalcos lo que los vivales le habían arrebatado. Tuvo en la mira hasta aquellas de las que su patrón, Iván Hillman Chapoy, siendo alcalde, dispuso como quiso. Discurso puro, rollo para el que se lo crea, Pulgoso del Istmo terminó sus días de regidor convertido en el ladrón al que siempre aspiró ser. Detenta hoy un área verde de casi 2 mil 382 metros cuadrados. Documentado, el caso muestra que desde hace un año el Ayuntamiento intenta ejercer su derecho sobre el predio pero el señor Lagunes, el ex regidor, otrora cirilista, ahora roblista y mañana quién sabe, se resiste porque, dice, el gobernador Javier Duarte le permite eso y más. O sea, el que hace no la paga. ¿Que dónde está en predio robado? Luego les paso el croquis y la documentación oficial…

 

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Fuente: http://mussiocardenas.com/informe-rojo/73807/caso-gregorio-jimenez-de-la-cruz

Caso Goyo Jiménez: se desmorona el gobernador

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VELORIO GOYO - DUARTE

 

* Repudio a las condiciones de inseguridad de los periodistas en Veracruz  * Milo Vela y el “primo incómodo” de Javier Duarte  * Regina: crimen sin castigo  * Goyo: su trabajo periodístico, la pista que no quiere investigar  * La Opinión de Los Ángeles pide que renuncie el gober  * “Cínico, opaco, impune, intimidador”, le dice

 

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

Hostil, infinitamente altivo desde su pedestal de gobernador, Javier Duarte ha sido duro con la prensa, acosador de periodistas críticos, indiferente a la represión policíaca y omiso ante el ataque del crimen organizado contra los comunicadores, pero con tres casos se quebró: el de Milo Vela, el de Regina Martínez y el de Gregorio Jiménez de la Cruz.

A Goyo Jiménez lo mataron por lo que escribía

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GOYO JIMENEZ

 

* Javier Duarte, como siempre, quiere evadir la realidad  * El caso del líder de la CTM secuestrado en Villa Allende, entre sus notas  * Ambos cadáveres en las fosas clandestinas de Las Choapas  * Romana Ortega, cesada en El Heraldo  * Llamó “mentiroso” al secretario Erick Lagos  * Represalias desde Xalapa

 

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

Puntual y preciso, valiente y osado, Gregorio Jiménez de la Cruz tocaba temas de inseguridad, secuestros, ejecutados, pero hubo uno que fue el detonante de su vida y que provocó su muerte: el “levantón” del líder de la CTM, Ernesto Ruiz Guillén, a manos de un comando armado.

Goyo Jiménez —así, con ese apelativo con el que trascendió fronteras— murió por lo que sabía y por lo que publicaba, por el ambiente de violencia que mantiene atrapado en la zozobra a Veracruz y por las condiciones de riesgo en que se mueve la prensa libre, la prensa crítica, la prensa de denuncia, la prensa que no le aplaude sus desatinos al gobernador Javier Duarte de Ochoa.

Hallado en una fosa clandestina, en el poblado Polanco, en la colonia J. Mario Rosado de Las Choapas, su cuerpo es la viva expresión del odio y el rencor, golpeado y presumiblemente mutilado —dos de los tres cadáveres encontrados tenían cercenada la cabeza, dicen reporteros—, ultimado a pocas horas de su plagio y finalmente agraviado con versiones infames de que algo tuvo que ver con la delincuencia que le ajustó cuentas.

Seis días sin Goyo Jiménez, agitaron de nuevo el debate en torno al periodismo de alto riesgo que se practica en Veracruz, peor ahora en los días del duartismo en que suman ya diez comunicadores muertos a manos del crimen organizado y la respuesta tan tardía como falaz del gobierno de Javier Duarte, que ni procura justicia, ni garantiza seguridad, ni tiene respeto por los muertos y mucho menos por la verdad.

Goyo Jiménez, reportero de tres medios —Notisur, Liberal del Sur, La Red, mal pagado en por lo menos dos de ellos—, conjuntaba sencillez y humildad con apego al trabajo profesional, estricto en el dato, en la declaración, en la viveza de los hechos, en el rigor de la información, traía en su agenda de trabajo los casos de secuestro, las extorsiones y los ejecutados.

Vivía en la medianía de quien recibe un salario precario —cuentan sus compañeros que su esposa habría recibido en los últimos días 2 mil pesos por algunas semanas de trabajo; o sea poco y con retraso— y se ayudaba vendiendo sus fotografías de eventos sociales, actos escolares y deportivos. Su hogar era una casa sin repello, con techo de lámina. ¿De dónde, pues, la perversa versión de que recibía su entre de los delincuentes? ¿De dónde, si la riqueza y lo malhabido es inocultable, se ostenta y se presume?

Fue levantado la mañana del 5 de febrero. Hasta su vivienda, en Villa Allende, llegó un comando en dos vehículos. Descendieron cinco sujetos. Lo esposaron al estilo de la policía que opera vestida de civil y lo subieron a uno de los autos. No se supo más de Goyo hasta que su cadáver apareció en una fosa de Las Choapas, a 40 kilómetros de Coatzacoalcos.

Goyo Jiménez surcó los espacios de la comunicación. Se alzó la voz por él, por su vida, por su regreso. Tomaron las calles sus compañeros de profesión, la prensa libre pero también la prensa indignada. A diario, en dos marchas, los periodistas de Coatzacoalcos reclamaban por Goyo y demandaban al gobernador Duarte acciones inmediatas, una pesquisa urgente, el cierre de fronteras, seguir el hilo conductor hacia los grupos criminales, a las bandas identificadas, las que son sobradamente conocidas en las corporaciones policíacas y que a menudo dan pistas de quién y por orden de quién secuestran y asesinan.

Goyo Jiménez murió a las pocas horas de haber sido “levantado”. Golpeado, torturado, presumiblemente mutilado, dejó esta vida un día después de su plagio, el jueves 6, el mismo día en que el gabinete de seguridad de Javier Duarte llegaba a Coatzacoalcos y ofrecía hallar pronto al periodista de Notisur, Liberal y La Red.

Indignados, reacios a aceptar la patraña como verdad oficial, la prensa libre de Coatzacoalcos trató ese día con aspereza al secretario de Gobierno, Erick Lagos Hernández; al procurador Felipe Amadeo Flores Espinoza; a la vocera intragable del gobernador, María Georgina Domínguez Colío, y al fiscal del antidoping fallido, Enoc Maldonado Caraza, el mismo que en su momento enredó el caso Regina Martínez, la corresponsal de Proceso en Veracruz, asesinada el 28 de abril de 2012.

Apareció Gregorio Jiménez, el martes 11, pero no como la prensa y la sociedad hubieran querido. Goyo se convirtió en un símbolo de paz y de lucha por el respeto al trabajo de los periodistas. Demandaban su libertad y su vida en Veracruz, en México y en todo el mundo. Lo queremos vivo, repetían compañeros de trabajo, periodistas mexicanos, españoles, argentinos. Nos unió a todos, como bien dice Marcela Turati, de Proceso.

Irresponsable, increíblemente mentiroso, imprudente como nadie, ese día el diputado local Eduardo Sánchez Macías, el mismo que había dicho el caso Goyo Jiménez no impactaría a Veracruz, dio “la buena noticia” de que el periodista había sido hallado con vida. Vaya con semejante industrial del periodismo, dueño de los Heraldos, un consorcio que ha crecido al amparo del gordobés Javier Duarte. No sabe lo que es confirmar una información.

No era así. Hallaron las fosas clandestinas la madrugada del martes 11. En ellas, tres cuerpos: el de Goyo Jiménez; el del líder obrero de la CTM de Villa Allende, Ernesto Ruiz Guillén, “El Dragas” o “El Cometierra”, y el de otro individuo apodado “El Bemba”.

Ahí, en ese punto, comienza a descomponerse la historia oficial. Simplista, sencillamente absurda, la versión del fiscal Enoc Maldonado habla de una venganza personal de la vecina de Goyo Jiménez, Teresa de Jesús Hernández Cruz, de quien en un principio se dijo era propietaria del bar El Mamey, y que por haber publicado el periodista que en ese escenario se registró un hecho delictivo y llamarle lugar “de mala muerte”, fue que decidió contratar a los sicarios para el levantón y crimen.

Luego se diría que no, que Teresa Hernández no tiene ningún bar, que es su ex suegra, que los hijos de ambos fueron novios y que al producirse un conflicto entre los jóvenes, vino el choque entre el periodista y la mujer. De ahí el móvil personal. ¿Absurdo? No, estúpido.

Ilimitada, la perversidad del gobierno de Duarte es capaz de incriminar a cualquiera y dejar impune lo obvio. Goyo Jiménez, para el gobierno de Veracruz, no fue “levantado” y asesinado por lo que escribía sino por un romance fallidos de tipo familiar. Lo perverso no mitiga su descaro.

Gregorio Jiménez había seguido al pie de la letra la ruta de los secuestros y levantones en Villa Allende. Reporteó muchos, pero uno de los más sonados fue el del líder cetemista Eduardo Ruiz “El Cometierra”.

“Se lo tragó la tierra”, fue el encabezado periodístico en Notisur que reseñó la nota de Goyo Jiménez sobre el plagio del dirigente de la CTM. Terminaba una reunión con afiliados, lo acompañan otros dos líderes: Roberto Nasta Ripol, “El Nasta”, y Leonardo Mendoza, “El Chaquira”. Un comando fue por ellos. Todos huyeron, menos Eduardo Ruiz. Le dispararon y dos balas dieron en sus piernas. Fue subido a uno de los autos y desapareció. Eso ocurrió el 18 de enero pasado y al día siguiente Gregorio Jiménez lo publicó. Otros medios de comunicación aseguran que pidieron 5 millones de pesos por regresarlo vivo.

Su cadáver apareció en la segunda de las fosas clandestinas. Junto al “Cometierra” fue hallado otro cuerpo, el de “El Bembas”. A 25 metros yacía, entre la tierra, Gregorio Jiménez de la Cruz. ¿Coincidencia? ¿Casualidad? Goyo Jiménez, el autor de la nota en que se advertía del secuestro del dirigente cetemista, y Eduardo Ruiz Guillén, el líder obrero, juntos y víctimas de sus mismos verdugos.

¿Dónde, pues, se perdió la coartada del régimen duartista de que el periodista Gregorio Jiménez fue ultimado a causa de una venganza personal de su vecina y ex suegra?

Insólita, la versión oficial es un insulto a la inteligencia de los veracruzanos; es el inútil y obsesivo empeño de Javier Duarte de que los periodistas en Veracruz son asesinados por todo, menos por su trabajo periodístico. Así fue con Regina Martínez, de quien también dijo que la ahorcaron por intimar con sus victimarios; de Milo Vela, Misael López Solana y Yolanda Ordaz, dizque por afectar los intereses de otro grupo de periodistas, Guillermo Varela, Gabriel Huge y Esteban Rodríguez, quienes a su vez le habrían pedido a sicarios del narcotráfico que los ultimaran, y que luego otro grupo del crimen organizado le hizo lo mismo por andar cobrándoselas a sus colegas. Santo enredo duartista.

Así de infumables, absurdas y perversas son las coartadas de Javier Duarte si se trata de justificar la muerte de los periodistas. Mueren, según el gobernador, porque tienen problemas personales, porque se ligan a grupos criminales, o porque su vecina y ex consuegra los manda matar. Pero nadie, absolutamente nadie, por denunciar el clima de inseguridad y violencia que agobia a Veracruz.

Van diez periodistas muertos en el sexenio duartista. La sangre de diez periodistas ha marcado a Javier Duarte. Murieron Milo Vela, Misael López Solana, Yolanda Ordaz, Noel López Olguín, Regina Martínez, Gabriel Huge, Guillermo Varela, Marco Antonio Báez Chino y ahora Gregorio Jiménez. Y en todos los casos el móvil oficial no tuvo que ver con su trabajo periodístico.

Presa del síndrome del avestruz, el gobernador Javier Duarte se empeña inútilmente en negar la realidad y en faltarle a la verdad.

Gregorio Jiménez, y todo Veracruz lo sabe, murió por lo que escribía.

Esa pista, aunque el gobernador no lo quiera, se habrá de seguir.

 

Archivo muerto

 

Brava, de palabras recias, Romana Ortega fue la primera damnificada del caso Gregorio Jiménez. La cesó del periódico El Heraldo de Coatzacoalcos por llamarle “mentiroso” al secretario de gobierno, Erick Lagos Hernández. Romana, una joven reportera, allegada a Goyo Jiménez y su familia, quizá la más allegada dentro del gremio, encaró a Erick Lagos la noche del jueves 6, fallida la rueda de prensa que devino en un episodio de recriminaciones por las promesas fallidas del gobierno duartista, por el clima de inseguridad que sigue produciendo ciudadanos levantados, ciudadanos secuestrados, ciudadanos extorsionados. Romana Ortega expresó que la policía no tuvo capacidad de reacción como decía Erick Lagos, que llegó dos horas después del plagio y que sólo preguntó el nombre del levantado y se retiró. “Es usted un mentiroso”, le dijo a quien ya se siente gobernador de Veracruz —¿de cuál fuma señor secretario?— y ahí marcó su suerte. Tajante, la orden fue no recibirle más notas a Romana Ortega en El Heraldo de Coatzacoalcos, el heraldo de los Sánchez Macías, serviles al gobernador Javier Duarte, emparentados con él vía Karime Macías Tubilla, la verdadera “gobernadora”. Justo le habían expresado los periodistas de Coatzacoalcos al pull de funcionarios que llegaron a sofocar el fuego por el levantón de Goyo Jiménez, que por ejercer su libertad de expresión no se generaran presiones hacia los dueños de los medios ni conflictos laborales, y lo primero que hacen los Sánchez Macías es cerrarle la puerta a Romana Ortega. Vivales, desvergonzados, los Sánchez Macías; insidioso y fascista, Erick Lagos, van al anecdotario del caso Goyo Jiménez, mientras Romanita va a las redes sociales, a los foros en que se vigila la libertad de expresión, convertida en damnificada del poder rapaz, víctima de la intolerancia, admirable su valentía…

 

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Fuente: http://mussiocardenas.com/informe-rojo/73791/a-gregorio-jimenez-lo-mataron-por-lo-que-escribia

Caso Goyo Jiménez: vivo se lo llevaron, vivo debe regresar

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GREGORIO JIMENEZ

 

* Levantado y sin saberse de él  * Documentó secuestros en Villa Allende  * Airada protesta de periodistas  * Revientan mascarada del gabinete de seguridad  * El investigador perverso de Javier Duarte  * Despachos contables, por el filtro del Congreso  * Mariano Moreno: días de pobreza y días de riqueza  * El amigo que lo vestía  * Priísta chantajista: el Mustang rojo que le regaló ROMA

 

POR MUSSIO CARDENAS ARELLANO

 

Desde la impotencia de ser sociedad y no gobierno, familiares y amigos, reporteros y editores, todos reclaman que el periodista Gregorio Jiménez de la Cruz regrese con vida, que no sea uno más en la estadística de muerte y que no sea criminalizado por el gobierno de Javier Duarte de Ochoa para evadir su responsabilidad en la ola violenta que azota de nuevo a Veracruz.

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